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Uruguay crece poco, invierte menos y el tiempo se acorta. Esa es, en síntesis, la advertencia que el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) lanzó en su segundo Desayuno de Análisis de Coyuntura Política y Económica del año.

La conclusión más dura de la jornada fue la reducción de la proyección de crecimiento del CED: el centro de estudios estima que la economía uruguaya crecerá apenas un 0,9% en 2026. Esa cifra ubica a Uruguay, junto con Bolivia, entre los países con menor expansión proyectada de toda la región para el período 2025-2026, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La presentación estuvo a cargo del director ejecutivo del think tank, Agustín Iturralde, quien comenzó examinando el escenario internacional, al que calificó como "neutro" para Uruguay.

El núcleo del análisis del CED fue lo que Iturralde describió como un "divorcio" entre los indicadores locales. Por un lado, hay datos que parecen alentadores: el consumo de los hogares aceleró en el margen, la inflación se mantiene dentro del rango meta del Banco Central del Uruguay (BCU) y las expectativas de precios a 24 meses permanecen ancladas.

Las metas fiscales de 2025 se cumplieron mediante la contención del gasto, que compensó la desaceleración en la recaudación. Para 2026, sin embargo, ese cumplimiento requerirá una contención adicional del orden del 0,25% del PIB, lo que el CED advierte como un límite creciente que expone a la política fiscal a un fenómeno de "fatiga fiscal".

Por otro lado, los datos preocupantes se acumulan. La inversión cayó a valores mínimos desde la pandemia y se consolida, según el CED, como el principal freno estructural al crecimiento. La productividad permanece estancada y los salarios reales siguen subiendo, pero sin respaldo en ganancias de productividad, lo que erosiona la capacidad de las empresas para generar empleo. A eso se suma que el costo energético en Uruguay supera al de los países de la región, lo que encarece la producción y desincentiva la inversión, señaló el centro de estudios.

La confianza del consumidor, a pesar del mayor consumo, cayó a su nivel más bajo en cuatro años y se ubica en un escenario de "moderado pesimismo". El mercado laboral, en tanto, muestra señales de techo: la tasa de actividad y el empleo se estancaron, y las empresas no anticipan mayor contratación.

Uno de los datos más llamativos del informe refiere a la composición del empleo. De los 109.000 puestos de trabajo creados en la última década, 73.000 —es decir, casi el 67%— correspondieron a trabajadores por cuenta propia. Solo en 2025, cerca del 80% del empleo generado fue en esa categoría. El problema es que este grupo presenta mayor informalidad, menos horas habituales trabajadas y menor nivel educativo que el resto de la economía: el 64,2% de los trabajadores por cuenta propia no completó la educación secundaria. Mientras tanto, el peso de los asalariados privados dentro del total de ocupados disminuyó en la última década.

Por otro lado, el CED subrayó que el bajo desempeño uruguayo ya no puede atribuirse al contexto externo, porque es compartido por toda la región. Así, aseguró que el diferencial en la tasa de inversión entre países como Uruguay resulta, según el CED, un factor determinante para explicar las diferencias en el crecimiento.

La conclusión del think tank es directa: "Ya no alcanza con ser estable para atraer inversiones". Uruguay necesita volver a poner el crecimiento en el centro de la agenda económica, mejorar las condiciones para producir e invertir, reducir costos, flexibilizar rigideces normativas y avanzar hacia una agenda pro inversión y productividad.



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