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Casi la mitad de los uruguayos —un 49%— considera que la situación económica del país es mala, según la última encuesta de la consultora Cifra.

El dato marca el nivel de negatividad más alto desde 2019 y contrasta con los indicadores oficiales, que según el propio informe “no son tan negativos” como la percepción ciudadana.

La mirada negativa varía según la preferencia electoral: entre quienes votaron al Frente Amplio en octubre de 2024, solo una cuarta parte califica a la economía como buena, casi cuatro de cada diez la consideran “ni buena ni mala”, y una proporción similar la ve mala. Entre el resto del electorado, la evaluación es sensiblemente más negativa.

El deterioro se aceleró en los últimos meses: el porcentaje de uruguayos con una visión negativa de la economía pasó del 31% en enero al 49% en junio. Cifra señala que no se registraba un nivel de negatividad semejante desde 2019, aunque aclara que incluso en aquel entonces los juicios positivos eran algo más altos que los actuales.

Por otra parte, la encuesta marca que la mayoría de los uruguayos entiende que la situación económica de junio de 2025 era mejor que la actual. Hoy solo uno de cada diez considera que la economía del país está mejor que hace un año. Los votantes frenteamplistas son los más optimistas en ese punto, con una cuarta parte de ellos sosteniendo esa mejora.

Las expectativas hacia adelante tampoco son alentadoras: cuatro de cada diez uruguayos cree que la situación económica empeorará en los próximos 12 meses, un 34% piensa que se mantendrá igual y apenas un 21% espera una mejora. El grupo de pesimistas respecto del futuro casi se duplicó en tres meses, mientras que el de los optimistas se redujo en un tercio.

El informe remarca la distancia entre la percepción y los números oficiales: en un país donde la inflación no llega al 4% y el desempleo no supera el 8% de la población, con crecimiento del salario real, menos de uno de cada cinco uruguayos afirma que la economía está bien.

Cifra atribuye buena parte de esa brecha al costo de vida, en particular a los precios de productos que “apenas cruzando la frontera bajan de precio sensiblemente”, y a la persistencia del trabajo informal, sin protección social, entre buena parte de los ocupados.




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