Uruguay crecerá apenas el 1,3% en 2026 y el 1,8% en 2027, según las proyecciones presentadas por el equipo de BBVA Research.
Son cifras moderadas para una economía que mantiene fundamentos sólidos: inflación controlada, acceso favorable al financiamiento externo y una calidad institucional, que sigue siendo una referencia en la región.
El desafío concreto es que esa estabilidad no alcanza, por sí sola, para generar más empleo y bienestar: hace falta más inversión y mayor productividad.
El principal motor del crecimiento en este período será la combinación de consumo interno y exportaciones. No se trata de un escenario de crisis, sino de una economía que avanza, pero por debajo de su potencial. Para los uruguayos, eso se traduce en mejoras lentas en el nivel de actividad, sin saltos bruscos ni hacia arriba ni hacia abajo. El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea aparece como una oportunidad concreta para cambiar esa tendencia.
Si el acuerdo avanza, podría ampliar la escala del mercado al que acceden los exportadores uruguayos, atraer nuevas inversiones desde Europa y mejorar la productividad del sector productivo local. En otras palabras, podría ser uno de los nuevos motores de crecimiento que Uruguay necesita para superar sus restricciones estructurales.
Sin embargo, el panorama también tiene riesgos. Desde afuera, las tensiones geopolíticas globales —como los conflictos comerciales entre grandes potencias o la inestabilidad en mercados clave— pueden afectar la demanda de exportaciones uruguayas o encarecer el financiamiento internacional. Desde adentro, o más bien desde el clima, un episodio severo vinculado al fenómeno de El Niño podría golpear la producción agropecuaria que sigue siendo un pilar de la economía nacional.
El diagnóstico de fondo es claro: la estabilidad macroeconómica y la solidez institucional son activos reales de Uruguay en comparación con sus vecinos, pero no son suficientes para crecer más rápido. El salto en el nivel de vida requiere elevar la inversión y la productividad, dos variables que hasta ahora no han logrado despegar con la fuerza necesaria.
Lo que viene, entonces, es seguir de cerca cómo evoluciona la negociación Mercosur-UE, el comportamiento del clima y las señales del contexto internacional, tres factores que pueden mover significativamente las proyecciones en cualquier dirección.
Montevideo Portal