Los mercados internacionales de granos atraviesan una marcada tendencia bajista que está repercutiendo en toda la cadena agrícola y comienza a sentirse también en Uruguay.

La combinación de mejores perspectivas productivas en Estados Unidos, una oferta global abundante, la falta de señales de mayor demanda desde China y una fuerte liquidación de posiciones por parte de los fondos de inversión ha acelerado la caída de las cotizaciones en la Bolsa de Chicago.

Durante las últimas semanas, el trigo registró descensos cercanos al 5%, al pasar de valores próximos a los 236 dólares por tonelada a niveles de entre 210 y 224 dólares. La soja también acumuló pérdidas del entorno del 5,5%, mientras que el maíz cayó hasta alcanzar sus valores más bajos de los últimos ocho meses.

Analistas del mercado coinciden en que el principal factor detrás de esta corrección se encuentra en el cambio de percepción sobre la próxima cosecha estadounidense. Luego de semanas marcadas por incertidumbre climática, lluvias oportunas y mejores condiciones para el desarrollo de los cultivos modificaron las expectativas de los operadores.

El profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, Dante Romano, explicó al diario El Litoral de Santa Fe que el mercado dejó atrás los temores por eventuales problemas productivos y comenzó a concentrarse en la posibilidad de una oferta abundante. Ese cambio de enfoque llevó a los inversores a reposicionarse rápidamente y generó una fuerte presión bajista sobre los precios.

A ello se suma el panorama internacional. Rusia mantiene perspectivas de una importante cosecha de trigo, reforzando las expectativas de una amplia disponibilidad global del cereal. En paralelo, las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China continúan sin avances significativos que permitan anticipar un incremento de la demanda por parte del gigante asiático.

Al mismo tiempo, la situación también está vinculada a la evolución de otros mercados. La disminución —por ahora— de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la baja de los precios internacionales del petróleo redujeron parte de la incertidumbre que había respaldado a las materias primas durante los últimos meses. Con menos factores de riesgo en el escenario global, los inversores comenzaron a desprenderse de posiciones en commodities agrícolas.

Sin embargo, para numerosos operadores el elemento que terminó profundizando las bajas resultó ser la actuación de los fondos especulativos. La venta masiva de contratos de futuros amplificó una tendencia que ya mostraba señales de debilidad.

Cuando los grandes fondos deciden liquidar posiciones, el volumen de ventas suele acelerar las correcciones y provocar movimientos más bruscos que los explicados únicamente por los fundamentos de oferta y demanda. Esa dinámica quedó especialmente reflejada en el mercado triguero, donde las pérdidas se profundizaron en pocas semanas.

Uruguay

En Uruguay, el impacto se traslada a distintos rubros agrícolas. La baja de las referencias internacionales ejerce presión sobre los precios locales de cereales como la cebada y obliga a productores y exportadores a revisar estrategias comerciales para la próxima campaña.

El escenario genera preocupación en momentos en que muchos agricultores comienzan a planificar la comercialización de la cosecha 2026/2027.

Si bien aún restan varios meses para la entrada plena de la nueva producción al mercado, la tendencia actual obliga a monitorear de cerca la evolución climática en Estados Unidos, considerada en la actualidad la principal variable capaz de modificar nuevamente el rumbo de las cotizaciones.




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