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India despenaliza ley contra el adulterio de hace 158 años

"Es hora de decir que el marido no es el dueño de su esposa. La soberanía legal de un sexo sobre el otro sexo es errónea", subrayó el presidente del máximo órgano judicial indio.

El Tribunal Supremo de la India declaró inconstitucional una ley de 158 años de antigüedad que criminalizaba el adulterio, según la cual un hombre podía ser sentenciado a hasta cinco años de cárcel si mantenía relaciones sexuales con la esposa de otro hombre sin el consentimiento de este.

Una sala compuesta por cinco jueces y encabezada por el presidente del Supremo, Dipak Misra, declaró que el artículo 497 del Código Penal, que imponía penas de hasta 5 años de cárcel por adulterio no consentido por el marido, es inconstitucional.

Inconstitucionalidad del artículo

"Cualquier disposición que trata a la mujer en desigualdad no es constitucional", aseguró el juez Misra, que redactó su veredicto en colaboración con otro de los jueces de la sala, mientras que los otros tres magistrados pronunciaron sentencias individuales en las que coincidieron en la inconstitucionalidad del artículo.

"La soberanía legal de un sexo sobre el otro es errónea", añadió el juez, aunque confirmó que el adulterio seguiría figurando como motivo de divorcio en el derecho civil.

El Gobierno indio había argumentado que la ley, que data de la época en la que el país era una colonia del Imperio Británico, debía mantenerse para proteger la inviolabilidad del matrimonio.

Otra sentencia histórica

La decisión del Tribunal Supremo llega después de otra sentencia histórica este mes a favor de la igualdad, en la que el máximo órgano judicial declaró inconstitucional otro artículo de la época victoriana en el que se penalizaban las relaciones homosexuales.

Esta ley contra el adulterio estaba en sintonía con una sociedad india que sigue siendo predominantemente patriarcal, en la que existe una marcada predilección por los varones, ya que perpetúan el linaje, cuidan a los padres en la vejez y les aseguran ingresos.

 

 

Fuente: El Espectador